Intento volver a escribir.
Algo que era tan natural en mí se vuelve difícil entre las miles de ideas que rondan en las redes sociales y en mi cabeza. No logro concentrarme y la noche parece desperdiciada. Pero me daré 20 minutos, solo 20 minutos para ver qué sale, si es que hay algo por contar.
Y sí, sí hay.
Me interesa hablar de temas que pocos escuchan, como el propio hecho de escribir y de vivir, sin ahondar en algún aspecto particular. ¿Cuál es la idea que estoy tratando de comunicar? Que me gusta escribir sobre la escritura y sobre las posibilidades que se abren en la vida, ninguna en concreto, pero todas al mismo tiempo.
Pero debo concentrarme y hablar de algo, que sea interesante. ¿Qué puede ser?
Qué complicado se vuelve escribir. Retomar. Sin IA ni prompts. De esto es de lo que se trata el proyecto justamente. De explorar mi creatividad. Pensando en que si me inscribo a un curso de escritura, quizás todo sea más fácil. Pero tal vez no. Tal vez solo sea cuestión de práctica y dedicación, al menos por ahora. O tal vez no, y sí necesito un método.
Mi cabeza piensa en tantas ideas para escribir, y a la vez en ninguna, que al final solo quiere escribir sobre escribir. Dándole espacio poco a poco a las palabras para que salgan y se encuentren con su lugar en esta hoja en blanco. Una hoja digital.
Y si miro párrafos atrás, me doy cuenta de que no he dicho nada más sino que quiero escribir solo por la sensación de estar escribiendo justo lo que pienso, tan rápido como vienen las ideas a mi cabeza. Mis manos son ágiles y la voz que me dicta en mi cabeza me espera si es que necesito borrar o corregir algo. Es paciente y reveladora a la vez, solo hay que darle tiempo.
Y sin ganchos ni hooks, darle espacio a mi mente, que escribe y lee lo que escribe, de expresar su agotamiento con las nuevas formas de comunicación, de interacción. Y que, aunque quisiera aislarse, no lo va a hacer porque como cualquier ser humano quiere pertenecer. Y es más contenta cuando comparte.
Este fue un ejercicio de escritura breve. Muy breve para mi gusto. Pero importante. Porque me doy cuenta de la mirada que tiene que tener este espacio. Este espacio soy yo hablando, de cómo veo el mundo, de lo que me gustó y lo que no. Y qué difícil es armarse una voz propia cuando se siente que todo el mundo grita más duro y más seguido y por más tiempo. Y qué difícil es elegir un tema cuando allá afuera se están hablando de chorrocientas cosas al tiempo y no sé si irme por aquí o por allá, o por dónde exactamente. Esto tiene que ser más instintivo, como este momento. No por cantidad, sino por conexión.

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